En este encuentro que tuvimos mi mariposa negra y yo, fue uno de los últimos, ya llevaba tiempo que la notaba lejana de mí, solo cuando sesionábamos volvía a vivir y se apasionaba, pero fuera de ahí, la notaba ausente al grado de evitar platicar conmigo, eso sí era raro.

Quedamos de vernos en su casa, ese era el lugar ideal para sesionar, ya que prácticamente lo habíamos acondicionado para sesionar muy seguido ahí.

Cuando entre a su casa, ella ya me esperaba totalmente desnuda, al verla así, sentí como me hervía la sangre de pasión, me acerque le susurre al oído, ven… vamos a ala cama y relájate conmigo, la tome de la mano y la conduje hasta ahí, le solté y le dije que se acomodara encima de la cama, 


ella se acostó, como ya era mi costumbre, llevaba mi mochila negra y de ahí tome un par de cuerdas y dos precintos de cuero negro para atarlos en sus muñecas, me acerque a ella y le dije “extiende tus brazos, pues quiero atarlos, ella obedeció y al hacerlo tome su muñeca derecha y coloque ahí, un precinto de cuero negro, el cual aprete firmemente, este precinto trae una hebilla y una argolla de acero, en esta argolla ate una cuerda y el otro extremo lo ate a la cabecera de la cama. Así hice con la otra mano de ella, 


una vez que ya estaba atada de los dos brazos a la cabecera de la cama, la tome de los pies y jale fuertemente, haciendo que sus brazos se tensaran lo más posible, como ya era de costumbre ella gimió, fui a mi mochila y de ahí tomo otra cuerda, con la cual ate sus dos pies con firmeza alrededor de sus tobillos

de igual forma tomé otra cuerda de la mochila, encogí sus piernas y ate fuertemente alrededor de sus rodillas, esto con la intención de impedir el movimiento,


en el techo de esa recamara, ya teníamos colocada una armella, de esa armella ate un cabo de cuerda y en el otro extremo de la cuerda ate un mosquetón (gancho que usan los alpinistas para escalar), ya una vez listo, tome sus pies, los levante y en la atadura que estaba en sus tobillos, lo enganche, quedando sus pies atados en el aire. 

 

Y ya para terminar, hice con una cuerda el nudo del ahorcado, el cual coloque en su cuello y el otro extremo lo ate en el amarre que tenia en las piernas al nivel de las rodillas, jalando este firmemente para que sus rodillas se acercaran lo mas posible a su rostro.


De esta forma termine de atarla a la cama, inmóvil totalmente, si quería de alguna manera estirar las piernas no podía pues la cuerda en el cuello le impedía hacerlo y sus brazos totalmente inmóviles, hermosa posición.


Ella al sentirse totalmente indefensa, trato de soltar sus ataduras moviéndose de la forma que fuese posible, pero sin ningún resultado, entonces levanto la cabeza lo mas que pudo para ver de qué forma estaba atada.


Me acerque a ella y le susurre al oído “cuando piensas que las cosas no pueden estar peor, en ese momento se complican más”, me retire de ella y vi como voltio su rostro preocupado hacia el otro lado de la cama, como pensando que podría ser peor que estar así.


De mi mochila saque una mordaza de bola y una venda, me acerque a ella y primero le coloque la mordaza de bola, ella al verla comenzó a decirme que por favor no se la pusiera, eso me molesto y le dije “recuerda que una de las reglas de sesionar es la de mantenerse en silencio y no protestar, entonces ella se dio cuenta que sin pensarlo hablo, cuando lo tenia prohibido, movió la cabeza negativamente y muy, pero muy suavemente me pidió que no se la colocara, así que la mordaza de bola termino bien colocada en su boca y ya para finalizar le coloque la venda en su rostro, tapando sus ojos para privarle la vista.


Así de esta forma quedo totalmente inmovilizada, sin poder hablar ni gritar y privada de la vista, totalmente a mi disposición, así que lo primero que hice, fue chuparle los pezones varias veces hasta dejarlos bien erguidos mientras con la mano le frotaba suavemente la vagina, excitándola un poco, solamente un poco, después me levante y fui a sacar de mi mochila un pequeño látigo de piel negro con varios cabos, con el cual comencé a golpear firmemente sus senos, solo la golpee un par de veces, pues ese no era su castigo, su castigo era que esa noche no estaríamos juntos, solo la excite un poco, y la golpee con el látigo otro tanto.


Me acerque y al oído le dije “bien mi amor, como ya no te gusta decir nada, ni contarme nada de ti como lo hacías en el pasado, pues te coloque la mordaza, por lo poco comunicativa que eres y lo de la venda en tus ojos es porque pienso simplemente que ya no me quieres ver, esa es la razón por la cual te quedaras ahí toda la noche, así que te veo en la mañana para soltarte de tus ataduras y puedas así ir a trabajar, hasta mañana mi amor”.

La bese y me retire de ahí, esta vez no voltee a verla… simplemente no me intereso.


(Así se quedo hasta las siete de la mañana que fui a soltarla de sus ataduras y simplemente no dijo nada, así estuvo todo el día… callada.