Con este relato termino el capítulo seis de mis narrativas “Esencia de mariposa” y comienzo el capítulo siete “El adiós”.

Para finalizar esta serie de narrativas, contare la experiencia más extrema practicada por los dos, claro tomando las precauciones necesarias para poder realizar esta hermosa experiencia. La cuestión es la siguiente, que reacción tiene tu cuerpo cuando vives una acción en la cual alteras al máximo tu adrenalina, siento yo que es una experiencia hermosamente excitante, llevada al extremo. Y si a esto lo combinas con un orgasmo, la experiencia se hace especialmente inolvidable, pues aquí es donde yo comienzo mi narrativa corta pero excitante.

Este día como cualquiera, nos citamos en la casa que habíamos habilitado especialmente para sesionar con regularidad. Así fue cuando llegue a las nueve en punto de la noche, saque mi llave i entre a la casa, la pequeña sala estaba con poca iluminación, al voltear y mirar a una de las paredes, ahí estaba… mi mariposa negra, con las manos colocadas en la pared, dándome la espalda, vestida con una blusa negra transparente, una pequeña falda negra, en la cual apenas se asomaba una prenda diminuta que le cubría sus labios vaginales, además de unas medias y zapatillas de color negro. 




Ella al sentir que la observaba, me dijo “Estoy dispuesta y lista para servir a tu placer de la manera que tú dispongas”, a lo cual lo ordene, “dante la vuelta que quiero verte bien, ella obedeció y la pude ver en toda su plenitud, hermosa.




Le pedí que se quitara la blusa negra que llevaba puesta, pues la quería ver sin ella, ver sus senos libres, y así lo hiso, luego de besar cada uno de ellos, le dije que se volteara a la pared y que ahí se quedara hasta que yo le ordenara alguna otra cosa.

   


Entonces saque las cuerdas, la primera que utilice fue la que coloque en medio del arco que dividía la sala de la cocina, casi pegada al techo, está la sujete con fuerza a un tramo de acero que sal de la construcción de ese arco, esta cuerda en el extremo contrario tenía hecho el nudo del ahorcado.

Luego fui por un par de sillas, las cuales coloque debajo de la cuerda que ya había colocado con el nudo del ahorcado, después fui a donde estaba ella, así volteada a la pared, le coloque un antifaz en el rostro, cubriéndole los ojos en su totalidad, luego tome una cuerda y le ordene que pusiera sus manos a la espalda, al hacer esto ella, tome con firmeza sus manos y la ate fuertemente,




enseguida proseguí a quitarle la mini falda negra que tenía, dejándola tan solo con su tanga negra, sus medias y zapatillas, así la tome de la cintura y la conduje debajo de la cuerda que ya había colocado ahí con el nudo del ahorcado, entonces le retire de sus pies, las zapatillas y luego las medias, dejándola solamente con su tanga negra.

En ese momento me acerque a su rostro vendado y le pregunte, como quieres que te encuentren, ¿con la tanga negra o sin ella?, en su rostro se dibujó una mueca de desconcierto, no entendía el porqué de esa pregunta, por lo cual solo me contesto, “no se” a lo que yo le conteste, “bueno, la elección es mía, y quiero que te encuentren como a mí me gusta verte”, así que desabroche su tanga, dejándola completamente desnuda,




la tome de la cintura y la cargue en mis hombros hasta colocarla en una silla, ella al sentirse vulnerable, pues no sabía que estaba pasando, comenzó a angustiarse, entonces le dije “tranquila mi amor, no te preocupes, todo depende de ti, solo tienes que mantener la calma, mucha calma y confiar en mí, ¿porque si confías en mi verdad?”, ella contesto, “si, si confió en ti y deposito mi vida en tus manos” ya dicho esto, termine diciéndole  “Bueno como te decía, mantén la calma y disfruta este momento al máximo, porque ya no habrá otro” así que tome una de sus pierna con cuidado para que ella no perdiera el equilibro y coloque su pie en la otra silla, que entre esta y la otra había una separación de unos 10 centímetros. Ella ya sudaba copiosamente y al mismo tiempo temblaba mucho, no sé si de nervios o de miedo a caer. Les recuerdo que ella estaba atada de manos a la espalda y vendada de ojos. 

Ya una vez que ella estaba colocada en las sillas, yo fui y traje una escalera plegable, la cual coloque a espaldas de ella y me subí en ella, ahí tome la cuerda con el nudo del ahorcado y se la coloque al cuello, ella solo soltó un sollozo muy profundo,





entonces le susurre al oído, “mi amor… ahora solo depende de ti, solo dos cosas debes de hacer, una… aguantar en la posición que estas, y la otra… solo tienes que disfrutas, eso es todo lo que tienes que hacer. De otra manera si no resistes puedes caer y quedar colgada y totalmente desnuda, no vas a querer que te encuentren así… verdad” ella solo gimió. Baje de la escalera y la retire de ahí, me puse frente a ella y le dije lo siguiente. “mi amor ahora, voy a ir separando las sillas poco a poco, una primero y luego la otra, así lo hare hasta que tengas las piernas separadas, según mi consideración, así que comencemos”.



Entonces empecé a separar las sillas una a una, poco a poco con mucho cuidado, siempre preparado para que ella no callera de las sillas, pues ese no era mi objetivo, pero ella no lo sabía. Así continue por varios minutos, cada vez que separa una silla, sentía como todo su cuerpo temblaba y sudaba mucho, hasta que por fin quedo ella con las piernas separadas, atada de manos, privada de la vista y con una cuerda en el cuello.







Ya habiendo terminado de hacer esto, la contemple como se veía, como temblaba de nervio o miedo, no lo se. Así que me coloque debajo de ella y comencé a lamer su vagina, no les digo como estaba, pues ya se lo podrían imaginar, lambiendo su vagina, chupando sus labios vaginales y succionando su clítoris, la verdad fue una experiencia inolvidable, pues para mí, fue poseerla en plenitud, sin interferencias de que pudiese poner una mano, impedir que siguiese cerrando las piensa o simplemente impidiendo por cualquier medio que llegase libre al clímax de su resistencia. (He de comentar que duramos bastantes minutos en esa posición, pero mientras disfrutaba de su vagina, en varias ocasiones ella estuvo a punto de cerrar las piernas, pues veía como doblaba las piernas de vez en vez, se veía como las fuerzas la abandonaba al grado de ya no soportar más).





Ella lo disfruto más que yo, pues el hecho de estar atada, privada de la vista, con la cuerda al cuello y totalmente expuesta, se dejó llevar al grado de soltar primero su néctar traslucido vaginal seguido por un torrente interminable de orina, y ella… llorando, como un bebe… mi bebe. 






Después de todo esto, acerque la escalera, subí a ella y le quite la cuerda que tenía en el cuello, baje de las escaleras, la tome de la cintura y la cargue en mis hombros, me dirigí a la recamara y la acomode en ella boca abajo, en ese momento ella se quejó mucho del dolor que tenia de piernas, y después, lloro, lloro mucho en la cama en la cual la había llevado a reposar esa noche tan intensa que tuvimos.